Cómo hacer un esclavo

A las palabras no se las lleva el viento. Eso es algo que se puede comprobar tanto en la vida personal de cada uno como en la historia de las civilizaciones. ¿Quién no tiene marcado a fuego el mensaje que recibió de niño de sus padres, de la escuela y de la sociedad? Esos valores, esas nociones que nos definen, que definen nuestros actos, nuestras elecciones y en definitiva, qué clase de persona somos son eso: palabras y gestos que hemos ido recogiendo a lo largo de la vida, de nuestros padres, y ellos a su vez de nuestros abuelos, y de las generaciones pasadas.

Cambiar las nociones erradas, las cosas que nos hacen mal es un arduo trabajo.

Para lograr grandes cambios, tanto en lo personal como en lo social, es necesario tomar una por una las palabras que usamos cotidianamente y “limpiarlas”, dejarse de indefiniciones y de relativismos. Así nos convertimos en esclavos, con la firme noción de que las cosas están predestinadas para nosotros. Y eso, sin lugar a dudas, es la antítesis total de la libertad. Es ponerle jaulas a la mente.

En el año 1712, se reunieron varios terratenientes para discutir cuál era la mejor forma de aumentar la performance de sus esclavos, ya que estaban teniendo problemas con revueltas y fugas. En definitiva, los esclavos eran cada vez más reacios a trabajar, y entre todos los señores trataban de llegar a un acuerdo sobre cómo hacer para que esta situación tan incómoda para ellos termine.

Willie Lynch, un terrateniente que según él tenía una modesta hacienda, trajo a la mesa una idea revolucionaria, que iba a garantizar la sumisión de los esclavos por 300 años. El plan era muy sencillo. En lugar de apelar a la horca, que hacía bajar el inventario de esclavos, o al castigo, que los dejaba inutilizables para el trabajo, Lynch se dedicaba a fundar la desconfianza entre los esclavos. Rápidamente comprendió una brutal realidad: cuando los esclavos se unían eran más fuertes, y se hacía muy difícil doblegarlos. En consecuencia, la mejor forma de someterlos era sembrando la desunión entre ellos, poniéndolos a unos en contra de los otros. ¿No suena terriblemente familiar? Casi como lo que pasa en Argentina, lo que ha venido pasando los últimos cien años.

Lo que Lynch hacía era marcar las diferencias entre los esclavos: los viejos, los jóvenes, el color de piel, el más claro versus el más oscuro, la talla, el sexo, “machos contra hembras”, según él mismo decía, el lugar de residencia, el tamaño de la plantación. Cualquier detalle que marcara diferencia era explotado para generar desacuerdos entre ellos. ¿Familiar, no?

A estas palabras las encuentro particularmente demoledoras:

LA DESCONFIANZA ES MAS FUERTE QUE LA CONFIANZA Y LA ENVIDIA ES MAS FUERTE QUE LA ADORACIÓN, RESPETO O ADMIRACIÓN.

Era necesario lograr que los esclavos confiaran y dependieran del amo blanco, quien no hacía más que ofrecerles una vida de sacrificio, sin ninguna retribución a cambio. Con tan solo posicionarse como la figura de referencia, el ÚNICO en el que se podía confiar, el esclavo no tendría más remedio que resignarse, ya que no podía confiar en sus pares. El plan es simple: que los esclavos permanezcan en una desconfianza perpetua, y que solo encuentren en el amo blanco la única figura de respeto de sus miserables existencias.

Argentinos: Basta de ser esclavos. Analicemos nuestros propios prejuicios, pero por sobre todo, analicemos el discurso oficial: no hay una gota de concordancia, de unión, de solidaridad, sino solo desunión, profundización de viejas heridas, y un culto permanente al resentimiento, a la desconfianza, y a la verdadera desigualdad.

Si estamos unidos, seremos invencibles. Si tiramos todos para el mismo lado, la carga se hará más liviana. Si trabajamos para lograr el país que nos merecemos, con verdadera justicia, e igualdad de oportunidades para todos, será posible tener la Argentina que soñamos. Estamos presos de un discurso que debe demolerse hasta los cimientos, que debe terminar para dar paso a la verdadera concordancia, porque

La concordia es la unidad del corazón en la diferencia de ideas

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Saqueos y corridas. Esta película ya la vi

Ante los eventos de público conocimiento en la ciudad de Necochea y otros distritos, queremos pedir tranquilidad a los habitantes de nuestra ciudad. Tenemos la sensación de que la gente de bien es presa de un conflicto que le es ajeno. Por un lado, entendemos y respetamos los pedidos de las fuerzas de seguridad, y nos hacemos solidarios con los bajos sueldos percibidos y las paupérrimas condiciones en las que las policías provinciales suelen desempeñar su función. Pero por otro lado tenemos la sensación de que, más allá de algunos saqueos oportunistas, existe una cierta organización en los desmanes producidos, al menos en muchas de las localidades donde se registraron estos violentos fenómenos.

Haciendo una lectura más fina, percibimos que una gran parte de la población ha perdido la noción de trabajo, y de que el trabajo digno es a la vez un derecho y una obligación, para funcionar como ciudadanos plenos en una democracia. Es plenamente justificable el asistencialismo, pero su beneficio se ve desvirtuado cuando se torna en una política de captación de votos y manejo de las voluntades populares. Ya contamos con varias generaciones de argentinos acostumbrados a recibir subsidios y planes sociales, cuando este tipo de medida extrema debería ofrecerse como solución temporaria, y no convertirse en una situación endémica de un país.

Pensamos que lo ideal sería educar a las nuevas generaciones en el valor del trabajo, en una nueva cultura. Mientras muchos vivan engañados por la creencia de que estos subsidios son un derecho adquirido, y no hagan nada para convertirse en ciudadanos plenamente activos, con criterio y capacidad de cambio y autogestión, evolucionar hacia el país que queremos será sumamente difícil.

Tristemente vemos como nuevamente la República Argentina es presa del miedo, las corridas, el “sálvese quien pueda”, y se percibe claramente un estado de desamparo generado por la falta de respuesta de las fuerzas de seguridad. Es en estos momentos cuando los dirigentes políticos tienen la obligación de colaborar en todo lo que esté a su alcance para lograr la concordia y la armonía. Sin embargo, no siempre es así, y más de un político se hará presente sólo cuando necesite el voto.

Repudiamos cualquier desborde que lleve a la agresión, el robo tanto a comercios como a casas particulares, y el aprovechamiento de esta situación de anomia que se vive en muchas localidades y provincias y en todo el país en general. Un ciudadano es sujeto a la ley, y cuando no hay ley se pierde el punto de referencia que nos convierte en sujetos de derecho. Volvemos a ser una horda de personas sin ley. Retrocedemos varios milenios hasta las cavernas.

Recordamos, asimismo, las muchas veces que la doctora Elisa Carrió advirtió que seríamos testigos y víctimas secundarias de una pelea que nos es totalmente ajena, de una lucha de poder mezquino, de quienes no piensan en el país ni les importa trabajar para construir una república, sino que están enfrascados en hacer la repartija final del botín, a costa de todos nosotros.

Coincidentemente con la conmemoración de los 30 años de democracia, creemos que todavía tenemos un largo camino por recorrer, para poder convertirnos en el país que soñamos, y que todos deseamos, más allá de discursos o relatos que quieren pintar una realidad que visible y palpablemente es diametralmente opuesta.

Próxima reforma del código civil

Desde este espacio queremos explicar el por qué de nuestro desacuerdo con la próxima reforma del código civil, y expresar nuestra preocupación por lo que creemos se convertirá en un daño irreparable a las garantías individuales.

El punto que nos parece más preocupante es el que pone a los “derechos de incidencia colectiva en general” por sobre los derechos individuales, permitiendo que aquello que sea considerado un derecho colectivo se privilegie sobre el derecho del individuo. Esto parece algo menor, pero es imprescindible que sea seriamente considerado dado que abrirá la puerta a una peligrosa situación que nos hace retroceder en materia de derechos individuales muchas décadas.

Creemos, junto con la doctora Elisa Carrió que el proyecto del Ejecutivo es “inconstitucional” porque viola el Pacto Internacional de Derecho Civiles y Político, que posee jerarquía constitucional merced del artículo 77, inciso 22, de nuestra carta magna.

La parte II, artículo 3, inciso 2, del mencionado Pacto establece que “cada uno de los Estados Partes en el presente Pacto se compromete a garantizar que: a) toda persona cuyos derechos o libertades reconocidos en el presente Pacto hayan sido violados podrá interponer un recurso efectivo, aun cuando tal violación hubiera sido cometida por personas que actuaban en ejercicio de sus funciones oficiales (…)”.

Por este motivo, Carrió presentó un proyecto de ley aparte para reglamentar el “derecho” contemplado en esta norma, “en cuanto el Estado argentino se ha comprometido a garantizar la posibilidad de perseguir judicialmente, una indemnización del daño sufrido por parte del Estado y sus agentes”.

Otras cuestiones también nos preocupan y tienen que ver con el plazo que se establece de solamente dos años para demandar al estado en caso de daño civil.

Bajemos a la tierra: Daño civil: a un familiar tuyo lo atropella un patrullero de contramano y lo mata.  Te subís a un micro para ver a tu familia y no llegás nunca. Estás parado en la calle y se te cae una luminaria en la cabeza. Con este nuevo código civil, las víctimas de este tipo de situaciones quedarían (ellos o sus familiares sobrevivientes) sin ningún tipo de compensación ni resarcimiento.

El nuevo código civil “le quita responsabilidad al Estado en términos del derecho común”, por el cual la administración kirchnerista “no respondería por los perjuicios generados por contratistas de servicios públicos”. Así, una vez sancionado los ciudadanos tengan solamente dos años para presentar demandas por daños civiles. Para que quede bien en claro, por ejemplo los familiares de las víctimas de la tragedia de Once no tendrían posibilidad de un resarcimiento por las vidas perdidas y los daños recibidos por ineficacia tanto de proveedor del servicio como del estado, que obviamente falló en su misión es controlar la calidad del servicio prestado a los ciudadanos.

El kirchnerismo ratificó la exclusión de la responsabilidad del Estado de la reforma del Código Civil. Impuso en Diputados el dictamen de una ley complementaria para circunscribirla al derecho administrativo y la mayor parte de la oposición anunció que, en consecuencia, votará en contra de todo el Código la semana próxima, cuando se trate en el Senado.

Este es el pensamiento oficial, claramente expresado por la diputada bonaerense Graciela Giannettasio:

La relación entre el Estado y los particulares es “asimétrica” y “no se rige por normas privadas”. Por el contrario, remarcó que “el Código Civil rige relaciones entre partes” y es por eso que su bloque impulsa “una ley independiente que reconozca que el Estado tiene una potestad especial”.

Pensamos que justamente el objetivo de la ley debe ser que la relación entre partes sea simétrica, y no naturalizar algo que por definición es contrario a la idea de República: la asimetría en la relación entre el ciudadano y el estado. Creemos que somos todos sujetos de derecho, y que ninguna parte debería tener preeminencia sobre la otra, ni mucho menos, “potestades especiales”, ni siquiera el estado. Este tipo de situaciones sólo y exclusivamente se da en regímenes totalitarios, y nuestro proyecto de país es fundamental y trascendentalmente republicano, donde seamos todos iguales ante la ley, inclusive el estado y particularmente los funcionarios del estado.

¿Vós qué pensás? Queremos escuchar tus comentarios.

Un nuevo espacio bonaerense es posible

No cabe duda de que estamos viviendo tiempos históricos, donde hay mucho en juego. Nos jugamos nada menos que el modelo de país que queremos, en definitiva, qué país queremos para nosotros y para nuestros hijos.

Cuando todos los caminos parecen cerrados, cuando parece no haber opciones, cuando se nos invita a elegir más de lo mismo, es el momento de dar un golpe de timón, de dejar de lado las ambiciones personales y de pensar en todos nosotros. Hay que ponerle el cuerpo a los deseos, poner los sueños en movimiento, hacer para crear realidades. Y este espacio lo que busca es justamente eso: una tierra fértil para comenzar a pensar soluciones verdaderas y definitivas a los problemas que nos aquejan como sociedad, como pueblo.

Creemos firmemente que

LA CONCORDANCIA ES LA UNIDAD DEL CORAZÓN EN LA DIFERENCIA DE IDEAS

y queremos invitar a todos los necochenses, a todos los argentinos, a pensar entre todos soluciones, a crear realidades, a hacer posible un país mejor.

Sean todos bienvenidos.